Trazado de vibración

F1: Qué significa hoy el “porpoising” y cómo lo controlan los equipos en 2025–2026

El porpoising sigue siendo una de las formas más rápidas de perder tiempo por vuelta y castigar físicamente al piloto, aunque la gran “crisis de rebotes” de 2022 ya no ocupe los titulares. En 2025, los equipos lo tratan menos como un misterio y más como un modo de fallo controlable: una inestabilidad aerodinámica muy concreta que puede activarse por la altura al suelo, el sellado del fondo y la forma en que la suspensión permite que el coche se mueva. Con 2026 en el horizonte, el deporte también intenta eliminar parte del riesgo desde el diseño, no solo gestionarlo con compromisos de puesta a punto.

Qué es realmente el porpoising en los F1 con efecto suelo

En términos de ingeniería, el porpoising es una oscilación vertical autoexcitada creada por la aerodinámica del fondo. A medida que el coche va más bajo, el suelo puede generar mucha más carga de forma muy rápida. En cierto punto, el flujo de aire bajo el coche se vuelve inestable, la carga cae, el coche se eleva, el flujo se vuelve a adherir y el ciclo se repite. El detalle clave es el bucle de realimentación: la altura cambia la carga aerodinámica, y la carga aerodinámica cambia la altura, así que el sistema puede empezar a “bombear” si se dan las condiciones.

No es lo mismo que un rebote normal por baches o pianos, ni que una conducción incómoda por una suspensión muy rígida en una recta lisa. El rebote “normal” lo impone el asfalto. El porpoising lo impulsa la propia aerodinámica del coche, y suele ser más fuerte en rectas rápidas donde el fondo trabaja al máximo. Los pilotos lo perciben como un vaivén rítmico, que a veces aparece de golpe al superar un umbral de velocidad o cuando baja el combustible y el coche queda naturalmente más bajo.

Otra distinción útil es entre porpoising puro y “oscilaciones verticales” más amplias que incluyen la dinámica del flanco del neumático y modos de la suspensión. El mundo real es complejo: un coche puede arrancar con una inestabilidad aerodinámica pequeña y luego excitar un modo del chasis, o al revés. Por eso los equipos lo describen en términos de frecuencia, amplitud y en qué punto de la vuelta aparece, en lugar de tratarlo como un simple encendido/apagado.

Por qué perjudica el rendimiento y por qué se convirtió en un asunto de seguridad

El tiempo por vuelta sufre primero porque el fondo deja de producir carga constante. Cuando el flujo se desprende, el coche pierde una parte de agarre justo cuando el piloto necesita estabilidad. Entonces los equipos se ven obligados a alejarse de la ventana aerodinámica óptima: subir la altura, ablandar el coche, añadir resistencia al avance o recortar carga para mantener la oscilación bajo control. Cada una de esas decisiones tiene un coste en otra zona de la vuelta.

Los neumáticos también se resienten. Un coche que oscila es más duro con la huella de contacto porque la carga vertical no es estable, y eso puede volver menos predecible la gestión de temperatura. Se puede llegar a un escenario donde el piloto cuida las gomas no solo para evitar deslizar, sino para minimizar picos repetidos de carga. A lo largo de un stint, eso puede cambiar el patrón de degradación e incluso volver el coche más sensible al viento y al tráfico, porque el sellado del fondo ya va al límite.

En el plano humano, los impactos verticales sostenidos se tomaron muy en serio tras las primeras temporadas del efecto suelo moderno. La FIA aplicó medidas a corto plazo y un enfoque de monitorización por motivos de seguridad, manteniendo la posibilidad de intervenir si el problema regresaba. Incluso cuando es “manejable”, los equipos intentan eliminarlo, porque un coche estable en recta se coloca mejor en frenada y resulta más predecible en cambios de dirección rápidos.

Cómo controlan el porpoising los equipos durante un fin de semana en 2025

La primera palanca es la altura al suelo, y sigue siendo la más efectiva. Los equipos mapean dónde el fondo da su carga máxima y dónde se vuelve inestable, y luego eligen un rango objetivo que se mantenga lejos del “precipicio”. El compromiso es claro: más altura suele significar menos carga pico, pero puede ofrecer más carga utilizable porque es consistente. En 2025, a menudo se ve a los equipos aceptar una pequeña pérdida teórica para ganar confianza, vida de neumático y una ventana de funcionamiento más amplia.

La segunda palanca es cómo se mueve el coche, no solo a qué altura va. El sistema de heave, el tercer elemento, los topes de compresión y los reglajes de amortiguación pueden ajustarse para ralentizar el movimiento vertical o impedir que el coche “se quede” en alturas críticas donde el fondo entra en pérdida. Los ingenieros analizan la frecuencia de la oscilación: si desplazan el coche lejos de un modo resonante, el problema puede disminuir mucho sin necesidad de rediseñar la aerodinámica.

La tercera palanca es la robustez aerodinámica. Los bordes del fondo, la rigidez del suelo y la forma en que el flujo “sella” contra el asfalto importan, porque un cambio pequeño en ese sellado puede cambiar por completo el comportamiento. Los equipos usan CFD, túnel de viento y correlación en pista para entender cuán sensible es el fondo a cabeceo y heave. Si el fondo es “picudo”, será más difícil rodar bajo. Si es más progresivo, se puede buscar rendimiento sin caer en la inestabilidad.

Qué miden los equipos y cómo deciden si la solución es real

Los equipos se apoyan en acelerómetros verticales, sensores de posición de suspensión, inspección del desgaste de la plancha y telemetría de alta frecuencia para ver la oscilación con claridad. La descripción del piloto —“empieza al final de la recta”— es útil, pero los ingenieros quieren saber la velocidad exacta, la marcha, el estado del acelerador y la altura al suelo en el momento de aparición. También observan lo rápido que crece la oscilación: un aumento gradual puede controlarse con set-up, mientras que un salto brusco suele indicar un umbral de pérdida aerodinámica.

La correlación es la batalla silenciosa. Un set-up que parece correcto en simulación puede comportarse mal en pista por la rugosidad del asfalto, el perfil de los pianos, rachas de viento o pequeñas flexiones del fondo bajo carga. Por eso se hacen tandas controladas: mismo compuesto, objetivo de combustible similar, cambios mínimos y comparación directa de datos. Si una “solución” solo funciona en una franja estrecha, no es una solución: es un parche que puede fallar cuando cambien las condiciones.

La decisión también considera la capacidad de correr en tráfico. Un coche estable en aire limpio pero que oscila al seguir a otro puede ser un problema el domingo, porque el aire sucio altera el campo de presiones y el sellado del fondo. Por eso a veces se elige una configuración más conservadora que cede una décima en clasificación, pero mantiene el coche predecible en tráfico. En 2025, ese tipo de compromiso sigue siendo habitual, sobre todo en circuitos de alta velocidad.

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Qué cambia en 2026 y por qué el riesgo de porpoising debería reducirse

La razón principal por la que 2026 debería ayudar es el concepto aerodinámico. El reglamento se aleja de los túneles de fondo muy potentes de 2022–2025 y se orienta hacia un fondo más “plano”, con la intención de reducir el aumento brusco de carga cuando el coche va más cerca del suelo. Si la curva de carga es menos agresiva cerca del asfalto, el bucle de realimentación que dispara el porpoising tiene menos facilidad para activarse.

Otro factor práctico es cómo las normas gestionan el fondo y el desgaste. Definiciones estrictas sobre la plancha y el desgaste del suelo, además de elementos prescritos, empujan a los equipos lejos de alturas extremas donde el coche es más vulnerable. Si no se puede vivir en alturas ultra bajas sin arriesgar la legalidad, es menos probable que un fin de semana se pase “coqueteando” con el umbral de inestabilidad.

En 2026 también cambia la filosofía de gestión aerodinámica, con estados aerodinámicos configurables. Aunque el objetivo principal es la eficiencia energética y el espectáculo, esto influye indirectamente en el porpoising, porque el coche no buscará el máximo de carga del fondo en todo momento. Si el coche puede reducir resistencia y carga de forma intencional en recta, las condiciones que antes alimentaban la oscilación podrían aparecer con menos frecuencia o con menor severidad.

Por qué los equipos no lo ignorarán (y qué todavía puede salir mal)

Incluso con un fondo más plano, los equipos perseguirán rendimiento, y el rendimiento suele premiar ir más bajo y más rígido de lo que resulta cómodo. En cuanto alguien encuentre una forma de recuperar carga del fondo sin un coste claro, el deporte puede volver a ventanas de funcionamiento sensibles. Por eso los ingenieros con experiencia hablan del porpoising como un problema de “mentalidad de diseño y set-up” tanto como de una pieza concreta.

También está la realidad de los ciclos de desarrollo. Las primeras versiones de una nueva era reglamentaria son cuando se toman grandes apuestas conceptuales, y algunas saldrán mal. Si un equipo crea un fondo demasiado agresivo, o una suspensión que no controla bien el heave, puede reproducir síntomas parecidos incluso con un marco normativo diferente. Los primeros test de una nueva generación suelen ser donde estos comportamientos aparecen con más claridad.

Por último, se puede reducir la probabilidad sin garantizar la eliminación. Las superficies cambian, el viento varía y los equipos seguirán buscando el pico de rendimiento en vuelta de clasificación. La expectativa inteligente para 2026 no es que el porpoising desaparezca de golpe, sino que pierda protagonismo: menos fines de semana dominados por subir la altura de emergencia, y más margen para ajustar el coche pensando en agarre, gestión de neumáticos y adelantamientos, en lugar de simplemente sobrevivir a la inestabilidad en recta.